jueves, 13 de junio de 2013
miércoles, 12 de junio de 2013
martes, 28 de mayo de 2013
MAYO, 2013: ANDRÉS CALAMARO EN ROSARIO
Para comenzar creo preciso decir que esta banda de Calamaro es fantástica. El primer mérito de Andrés para esta gira, es la elección de los músicos. A decir: Kanevsky y Comotto en guitarras, Wiedemer en teclados, y una base Kuryaki: Verdinelli en batería y Mariano Domínguez con el bajo. Andrés en los teclados, y accesorios.
Y un aparte para Verdinelli, porque Verdinelli enamora. Es así de cierto. Por momentos creí estar enamorado de Sergio Verdinelli, así como de esa chica que conocí en Miramar, durante los tres días que pasé en el verano del 94’. Así seduce el baterista de esta banda de Calamaro. Así te deja perplejo. No terminás de conocerlo, y ya te pasó por encima, te conquistó, y te dejó. Como los mejores amores de verano.
Luego, el segundo acierto de Andrés, es el repertorio elegido para que toquen estos músicos. Sólo un alma desdichada e insensible puede no soportar un comienzo de show con estas canciones: “Me Arde”; “Crimenes Perfectos”; “A los ojos”; “El Salmón” y “Mi enfermedad”. Y hubo más. Hubo de todo, para todos los gustos. Más Rodriguez con “Me estás atrapando otra vez”, “Canal 69” o “Sin Documentos”. También de las últimas excelencias, con “Gin Tonic” y “Carnaval de Brasil”. De las indestructibles, “Estadio Azteca” con Cuino Scornik de invitado. Y más también. Por ejemplo, “Quién asó la manteca” esa pieza musical suprema incluida en “Alta Suciedad”, con pretensiones culinarias tan surrealistas como una pizza al spiedo. O del mismo disco, “Loco” esa canción a priori pasatista, del pasaje “todo me chupa un huevo” o para lectura de menores “no me importa nada” y sin embargo, dice todo lo contrario. El protagonista de “Loco” es un comprometido. El quía se fuma el porro de resignado. No la está pasando bien, no va la plaza a mirar el mundo al costado del camino, mientras todo pasa. No. Lejos de eso, está reprimiendo su instinto asesino. Esta tratando de no cagar a trompadas al payaso del jefe. Es una víctima. Y esta harto. Y está Down. Y está radical. Y corre el riesgo de pasarse al otro lado, y pensar que a lo mejor resulta mejor así. A lo mejor resulta que todo le chupa un huevo. Pero no.
Creo que Andrés podría figurarse como el protagonista de “Loco”. Tal vez, esta canción sea la más autobiográfica de Calamaro Andrés. Por momentos en el show, así como en su obra, parece que no le importa nada. Pero eso es una gran mentira. Lo que pasa en este show y en sus discos, es que Andrés esta comprometido con sus canciones, y se relaja, las disfruta, y deja disfrutarlas. En este contexto esta bien que algunas canciones las canten más sus músicos que él mismo. Incluso hasta esta bien que las cante más la gente que él mismo. Andrés, en esos momentos esta navegando en las canciones. Las está transitando. Esta sumergido en un mar vertiginoso de estrofas y versos, donde no es prioridad que sean cantados.
Por eso me gustó el show de Calamaro. Porque ví a un artista comprometido con su arte. Y sin la solemnidad que requiere el diccionario postmoderno del roquero pacato y obsoleto. No, nada de eso. El compromiso en este caso pasó por la soberbia musical de esta gran banda que armó para que toquen sus canciones. Y por el disfrute musical de un músico único en su especie. Tan responsable con su obra, que hasta se anima a pasarla bien sobre un escenario. Algo tan fuera de moda, como hacer canciones totalmente lindas.
martes, 21 de mayo de 2013
jueves, 16 de mayo de 2013
martes, 16 de abril de 2013
CHUCK BERRY EN ARGENTINA
Varias lecturas se pueden hacer sobre el show de Chuck Berry en Argentina. Aquí alguna de ellas.
En principio, esta más que claro que la presentación del viejo Chuck fue lamentable. En todo sentido. No pegó ni una nota durante los 75 minutos de show. En reiteradas oportunidades intentaba tocar una canción, que no era la misma que la que estaba interpretando la banda. Su hija, que desde el comienzo estaba sentaba sobre un costado del escenario, sosteniéndose en su linda voz y un toque interesante de armónica, trataba de suplir las falencias evidentes de su padre. Su hijo, un tímido guitarrista, permanentemente se acercaba a su padre para decirle lo que seguía en el show, incluso dictarle las letras en medio de la canción. Ahora bien, lo primero que se desprende es pensar que los hijos son unos vividores, y están haciendo sangrar la teta de la vaca. Sin embargo, la sensación que sentí en el vivo es otra. Tal vez a muchos nos ha pasado de tener que convivir con personas ya entradas en el profesionalismo de la tercera edad (Chuck acusa 86 años) y sabrán lo difícil que es hacerle entender a una persona que toda su vida hizo algo –desde ser mecánico, o podar la parra de uvas del jardín- que debe dejar de hacerlo en algún momento. Yo vi a dos hijos tratando de que la leyenda del padre, pase lo más decorable que se pueda. Obvio, está a las claras que no se logró ni en lo más mínimo. También es cierto, y esta es otra de las lecturas, que la personalidad de Chuck Berry siempre transitó los límites de la provocación, y hasta del maltrato de la gente que lo rodea. Entonces, ¿hasta donde son problemas motrices son los que le impiden tocar la guitarra? ¿hasta donde son manifestaciones seniles las que no le permiten saber que tema sigue o como es el comienzo de Johnny B Good? Tal vez, otra vez más Chuck está tratando de decirnos que él tiene el poder de destruir lo que creó. Y también, de cagarse en el público, que a costa de una producción que poco le interesó el espectáculo que estaba vendiendo a entradas carísimas, fue a ver a la leyenda. Y aquí mi tercera visión de la cosa: el morbo. Ese sentimiento maldito, filtrado de cholulismo, chauvinismo, idiotez y desparpajo emocional, que nos lleva a querer ver a una persona “como sea”. Ese morbo, tampoco ayuda a cuidar la imagen, en este caso, de Chuck Berry.
Luego, algunos detalles del show que aportaron al caos: una guitarra que quiso afinar y nunca pudo, su hijo que se lleva la guitarra fuera de escena, a ver si arreglaba el capricho de su padre. Unas treinta mujeres acudieron al llamado de Berry para subir al escenario, cuando este sólo pidió unas pocas, y terminaron siendo sacadas a empujones mientras se querían sacar una foto con el tipo que estaba ahí, tratando de reproducir algo que alguna vez fue una genialidad. Una remera que rezaba ‘Libertad a Callejeros’, durante la previa del show, y transcurriendo el primer tema, estaba depositada sobre uno de los monitores, y nadie la sacó. Más allá de las opiniones que despierta el caso, eso no tenía nada que ver con la presentación del padre del rock and roll. Y nadie de la producción se dignó a sacarla a tiempo.
Nada, de lo aquí expuesto, justifica que Chuck Berry siga subiendo a un escenario de la manera que se lo pudo ver el domingo 14 de abril del 2013 en el Luna Park.
martes, 2 de abril de 2013
SIN RESPUESTAS
Ese mediodía, cuando cantaba “Muchacha ojos de papel” mientras caminábamos hacia el jardín de infantes, me preguntó: ¿Cómo se puede robar un color?
Instantáneamente pensé que era la pregunta más difícil del mundo. ¿Qué le voy a contestar? Nada. Le pregunté si ese era el día que había que llevar las figuritas de los medios de transporte, si era el día que iban a jugar con agua, si quería ir a ver a Topa y Muni, y no sé cuantas boludeces más que tenían respuesta inmediata, hasta que, harto de mi pantomima, insistió: “Papá, te pregunté como se puede robar un color”.
Bien, por suerte llegamos al jardín, se encontró con Valentina en la puerta, y la pregunta sobre la canción de Almendra, se rindió ante el primer amor.
De todos modos, en mi cabeza, repercutió todo el día la escena. ¿Como explicarle a un niño de cuatro años lo que es el arte? O mejor, o peor, lo que sea, ¿Cómo explicarle lo que es un artista? La verdad, me parecía una perdida de tiempo total y absoluta inventarle una historia de piratas, que robaban colores a las muchachas que no tenían pies, como las sirenas, pero que en vez de colas de peces tenían pies de crayón. Y que bueno, esos piratas malísimos, les robaban las pinturas de colores a las muchachas, y que bueno, el Flaco Spinetta lo que quiso decir era que los piratas era re malos, porque le robaban a las muchachas los colores con los que pintaban cuadros de….de…bueno, de paisajes de selvas. ¿Una metáfora? Explicarle lo que es una metáfora es un garrón. Además, todavía no lo entiendo bien yo, y seguramente se lo iba a explicar re mal. Y seguramente le iban a surgir un montón de ejemplos, y se me iba a embarrar la cancha mucho más de lo que ya estaba embarrada.
A la noche, mientras me preparaba para ir a escuchar y ver una serie de conciertos, la situación era esta: la voz de mi hijo desprendiéndose furiosa desde la bañera, arbitrando entre un dinosaurio y un pingüino a punto de matarse; en el habitáculo siguiente, el ruido de la pava calentando agua; por último, el violín de Jorge Pinchevski terminando “El tuerto y los ciegos”. Mi cuerpo, de espaldas al piso, estaba rendido entre estas tres habitaciones. También miraba el techo de ladrillos, ‘barnizados con esmalte transparente, semi-mate’ -frase que me quedó perpetuada en el inconciente desde que pintamos la casa-.
Y encontré, por fin, el sentido de la nada. Supe lo que era la nada. Y pienso revelarlo. La nada es, por ejemplo, cuando un hijo te pregunta. ¿Cómo vienen los hijos al mundo?, Pensar que contestar eso es un problema, además de nada, es una gilada.
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