domingo, 12 de julio de 2015

LOS ROLLING STONES CUMPLEN AÑOS

12 de Julio de 1962 los Stones debutaban en el Marquee Club. Aquí va una lista de 53 canciones para celebrar.
1-Tell Me
2-Get Off of My Cloud
3-A tears go by
4-I’m Free
5-Paint in Black
6-Stupid Girl
7-Under My Tumb
8-Let's spend the night together
9-Ruby Tuesday
10-Backstreet baby
11-Citadel
12-Sing This All Together
13-She's a Rainbow
14-The Lantern
15-Stray Cat Blues
16-Salt of the Earth
17-Gimme shelter
18-Monkey man
19-Live whit me
20-Let it bleed
21- Jumpin jack flash
22-Dandelion
23-19th Nervous Breakdown
24-the last time
25-Out of time (version Metamorphosis)
26-I'm Going Down
27-Brown sugar
28-Sway
29-Wild Horses
30-Can't You Hear Me Knocking
31-Dead flowers
32-Moonligth mile
33-Rocks Off
34-Torn and frayed
35-Loving cup
36-All down the line
37-doo doo doo doo heartbreaker
38-Angie
39- If You Can't Rock Me
40-Memory Motel
41-before they make me run
42-She so cold
43-Indian Girl
44-Worried about you
45-Tops
46-Heaven
47-No use in crying
48-Can’t be seen
49-Almost hear you sigh
50-The worst
51-Sweethearts together
52-Thief in the night  53-How can I stop

viernes, 17 de abril de 2015

EL ENGAÑO

La televisión a veces te despierta opiniones. Mirando un programa de fútbol, di cuenta de las diferentes vertientes que tiene el engaño. La cuestión era que el arquero de Colón de Santa fe, equipo de fútbol argentino que disputa la primera división de dicho país, utilizó un recurso para quedarse con la pelota. Cuando el balón iba hacia él con un jugador rival tratando de alcanzarlo, el guardametas emuló el sonido del silbato de referí, ante lo cuál, el jugador en disputa se frenó creyendo haber cometido una falta, en este caso, creyendo estar en posición adelantada. Enseguida los periodistas que analizaban la jugada se fueron en correcciones hablando de lo mal que estaba el engaño para sacar una ventaja. Dicho así, es verdad. Engañar para sacar ventaja no es algo bueno. Sin embargo, particularmente en el deporte, hay algunos engaños que merecen ser elogiados. Estemos atentos, que determinados engaños suelen ser divertidos y necesarios. Tal es el caso de la gambeta. La gambeta, con todo su talento, con todo su esplendor, con toda su destreza, no es más que un engaño. A ver: la gambeta trata de un jugador que le hace creer a otro que va a ir para un lado, y sale para el otro. No es fácil, de hecho cada vez se ven menos gambetas, y cada vez se escuchan más simulacros de silbatos. El tema pasa por el elogio del engaño. Hasta en el engaño, vale la pena distinguir el talento. Hay engaños elogiables, y hay engaños amarretes. El problema es que lo que importa es el morbo. No el resultado; eso es una mentira, un vil engaño, una estrategia, hacer creer que lo que importa es el resultado. A los resultaditas, lo que los erotiza es el morbo. El morbo de ver al otro derrotado. El morbo de machacar durante días y días con que tal la tocó con la mano y no lo cobraron, y fulanito tiene que demostrar contra los grandes si es buen jugador o no, o “si no ganamos la final no sirve para nada”. Ejemplo: una vez un equipo de básquet si se dejaba ganar, su contrario se iba al descenso. Sin embargo, no se dejó ganar. En la fecha siguiente tuvo su premio: jugó contra su clásico rival y le ganó por un punto. Pero el morbo resalta que lo mandó al descenso, en lugar de resaltar la dignidad deportiva de ganar la fecha anterior. Otro, River y Boca. Toda la semana innumerables periodistas deportivos diciendo que un equipo mexicano jugaba con suplentes contra un equipo peruano para no ganar y que River, aún ganado, no se clasificara a la siguiente fase de la copa. Resultado: ganaron los mexicanos. River se clasificó. ¿De que se habló luego? De que ahora se enfrentaba con Boca en octavos. Los pobres mexicanos, injuriados durante siete días seguidos, ni una sola mención a su dignidad deportiva. Ni hablar de los que opinaban antes del partido que estaba bien que se dejasen ganar, porque de esta manera, quedaba afuera un posible competidor por el título, como siempre lo es River Plate. Como si ganar se tratase de hacerlo lo más fácil posible. Dios mío, o de ellos. Eso es un engaño. Decirle a alguien “esta bien que no ganes, así pierde otro, que te puede ganar”. No es así. No está bien. Y ya no se si por una cuestión de moral o corrección. Más bien porque el juego se torna aburrido. Imagínense una copa donde en las instancias finales llegan los que peor juegan. Aburrido. Imagínense un campeonato sin gambetas. Sin amagues, o sin penales simulados. Imagínense todo eso, y obtendremos un juego donde reinará la mano intencional, el juego brusco y la defensa férrea. No nos dejemos engañar por el engaño amarrete.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

THURSTON MOORE BAND EN ARGENTINA

Domingo 7 de diciembre, víspera de feriado. Lluvioso y húmedo. El cielo, además, amenaza con tormentas eléctricas. En algún lugar de argentina toca Thurston Moore. Muy pocos se enteraron. Algunos asistirán al concierto. Cuando cae la noche ya no quedan ganas de levantarte de tu sillón y caminar unas cuadras para llegar al teatro, pagar la entrada, y mezclarte entre unos 400 fans y ciertos periodistas. Mucho menos de tomarte un bondi y trasladarte unos 30 minutos, distancia mínima entre localidades de BsAs. Sin embargo, algunos pocos eligieron esta opción. Y no se lo van a olvidar en el resto de sus vidas. Inmediatamente comenzado el show, Thurston te trasporta a un viaje extra terrenal, guiado por un volumen demencial, un sonido penetrante, un espíritu inquebrantable, y una transferencia de lo que pasa en la calle al interior: la tormenta esta ahora entre cuatro paredes. La excusa es la presentación de su último disco, ‘The best day’, donde se sienten ejercicios de Sonic Youth, con una banda que la rockea; y esto lejos de ser algo que atrase el tiempo, se lo celebra y disfruta, ya que fueron ellos los primeros en tocar lo que se escucha. La banda que formó Thurston para salir de gira y que lo acompaña en gran parte del disco son Steve Shelley (Sonic Youth), Debbie Googe (fantástica bajista de My Bloodie Valentine) y James Sedwards (Guitarrista de Nought). Doble sorpresa con el batero de Sonic Youth: en Brasil sufrió desprendimiento de retina, y tuvo que ser suplantado. Quién lo sustituyó es una bestia percutiva a la que calificar de perfecto su toque sería un insulto, ya que si por algo se caracteriza el tándem que logró con Googe, es el de huirle a la perfección, en el sentido de los parámetros correspondientes que marca el status quo musical. Todos juntos forman un bloque que debería entrar en la góndola de “artistas completamente despojados de lo que indica el mercado”. Y más allá de los vínculos inevitables con Sonic Youth, en el show (que promedió la hora y media), hay canciones como “The best day” que se unen con la psicodelia stone de “Their satanic Majestic request”. Definitivamente, es el vivo donde se refuerzan todas las virtudes artísticas de Moore & cía. Pareciera que lo único que interviene la pureza de su arte es el delirio. Todo es sensible y aterrador. Todo sonido es traumático y disfrutable.

jueves, 3 de abril de 2014

LOLLAPALOOZA Argentina DÍA 2

Para el segundo día hubo otra predisposición. Conociendo el terreno de juego, es otra cosa. Además, el pasto estaba seco, y a falta de lugares para descansar, viene bien la canastita delante de alguna de las pantallas, que eran muchas, y ayer funcionaron fenómeno. También el cacheo no fue tan excesivo como el día anterior -se ve que se cansaron de que nadie le contestara si tenían mariguana-; delante de mí unos muchachos se ponían felices por infiltrar una botella de Fernet para pasar la tarde, a pesar de que tuvieron que sacrificar una segunda botella. Igual, supongo que fue una mala idea: adentro la latita de Pepsi salía treinta pesos. Temprano, antes de las 16hs, el predio estaba lleno. Casi como el día anterior, a la hora del cierre. En total, deben haber pasado unas 70.000 personas durante todo el día. Pez iniciaba su show con mucho público esperándolos, a pesar de que en otro de los escenarios, Johnny Marr se presentaba por primera vez en Argentina. Tremendo show. La presencia sobre el escenario enamora como sólo verlo parado. Toca como los dioses. No es de esos violeros virtuosos, sino aquellos que tienen la sutileza necesaria para llegarte a la fibra más profunda del cuerpo. Al tal punto fue excelente el show, que los temas de los Smiths fueron igual de buenos que cuando los canta Morrisey. De hecho, cantan muy parecido. Las canciones de su disco solista acompañaron perfecto, y encima sobre el final hizo una versión –muy parecida a la de los Clash- de I Fought The Law. Y yo, tan ingenuo, que durante un tiempo creí que el estereotipo del inglés era Sting. Termina y me cruzo a Skay Beilinson, caminando por el predio. Ojalá haya visto el show, supongo que si fue así, le ha gustado mucho. Luego Ellie Goulding se llevaba todas las miradas por su belleza, que superó su música ampliamente. Un descanso, nada interesante para ver hasta Vampire Weekend. A pesar de las expectativas, su presentación fue la de una banda completamente descartable. La mirabas, la escuchabas y te salía un “Ok, todo bien. ¿hacemos otra cosa?. Para colmo, entre melodías amables y voces infantiles, convertían a la banda en la más positiva del mundo. Parecía como si El Principito –si, el personaje de Saint-Exupéry- anduviera medio drogado dando saltos entre la gente, convenciéndolos de que “en el mundo esta todo bien”. De saltarines, me quedo con Jack, el de los Stones. En el otro escenario, AFI. Todavía no se si esa banda es un chiste, o que. Vestidos al estilo Emo, tocando una música cercana al Glam metal de los ’80 estilo Poison, o Quiet Riot, el cantante emulaba pasos de danza tipo Freddie Mercury, mientras simulaba garcharse los equipos de guitarra. Muy gracioso. Pero no se si era su intención serlo. Entonce no quedaba otra que volver al positivismo excesivo de Vampire, o ir al Perry’s Stage donde se presentaba Krewella: dos chicas que parecían ser profesoras de aerobic, haciendo saltar a miles de pibes al ritmo de unas pistas que disparaban desde sus computadoras. Ok, después de todo, El Principito no estaba tan mal. Por fin se hizo la hora de Pixies. El show más humano del los dos días. Tremendo. Apasionante, desde donde se lo mire o escuche. No se si recuerdo alguna vez ver a unos tipos que parece no importarle nada del mundo, disfrutar tanto lo que están haciendo. Despojados de todo tipo de parafernalia que acentúe sus canciones, la performance es: esto somos notros. Y nada más que esto. Y con eso, me alcanza para reventarte la cabeza y hacerte sangrar los oídos. La ausencia de Kim Deal, está muy bien disimulada por Paz Lenchantin. Y después Soundgarden. Las esperanzazas eran muchas. La ansiedad también, ya que era la primera vez que se presentaban en Argentina. Muchísima gente los fue a ver a ellos. Y no defraudaron. Potentes, sucios, rockeros, siempre amparados por la virtuosa voz de Chris Cornell. Por momentos resultó un tanto monótono, tal vez por la elección de sonar tal cuál lo hacían hace más de 20 años, y eso generaba un “esta todo bien, suenan bárbaro, pero por un rato necesito otra cosa”. Y ahí estaba los IKV haciendo mover el Coolo, repitiendo el mismo show de Cosquín Rock. Dadas las circunstancias, lo mejor era la elección por Soundgarden. También aquí hubo una ausencia: el batero Matt Cameron –se tomo un tiempo para descansar-. Y cerraban los Peppers. Era la primera vez que los veía, y los comentarios sobre sus shows que habían llegado a mis oídos, no eran los mejores. Sin embargo, el show fue fantástico. Y el violero –aquí otra ausencia, la de Frusciante- Josh Klinghoffer, es buenísimo. Insisto en algo que supe poner en otros textos: no entiendo porque se cataloga en Argentina como estereotipo de banda festivalera a Kapanga. Existen bandas de festivales, como, precisamente, IKV, o Catupecu o Babasónicos. El mismo caso, en plano internacional, son los Chili Peppers. Una catarata de hits, cuatro tipos que dejan el alma en el escenario, miles de personas cantando. Todo bien, para el contexto. Y así termino la primera edición de Lollapalooza en Argentina. Tal vez, el año que viene, Kim Deal, John Frusciante y Mat Cameron arman un trío y viene a tocar. No sería una mala idea.

miércoles, 2 de abril de 2014

LOLLAPALOOZA Argentina DÍA 1

No se veían grandes publicidades incitando a ir desde el interior –así se suele llamar a la ciudades, pueblos y provincias que no son de la Capital- incitando a ir y ser parte de la primera edición del festival Lollapalooza en Argentina. Por ende, en lo previo, no esperaba que la peregrinación sea a gran escala. Sin embargo, más de 60.000 personas participaron ayer del evento. Y, más allá de que no se debería explicar los términos utilizados en este texto, no es inocente la apropiación de palabras como ‘publicidad’ ‘ser parte’. La primera impresión sobre los asistentes a #LollaAr –insoportables los pedidos desde las pantallas para que se twittee así- estaba completamente alejada del estereotipo rocker. Y más bien parecían haber llagado allí para no perdérselo, para estar acorde a una movida, para participar de algo que ofrece más que música, y en ese sentido, el primer día dejó poco. Un cacheo excesivo, consultándoles a los chicos si llevan mariguana –todavía estoy esperando que alguno le conteste “Sí, 150 pesos el 25”- el pedido de que conserves la entrada y la pulserita para ingresar al otro día –una avivada de la producción, estimo que, para no entrar en gastos e imprimir dos entradas; ojo si se bañan, la pulserita endeble corre peligro y deberán abonar otra vez- y lo primero que se ve antes de entrar al predio, no es un escenario, sino un puedo de merchandacing. No dejes de llevarte tu souvenir, como si fueras a Temaikén, con la diferencia de que allá vez a tigres encerrados, y acá gente que va de acá para allá tratando de ver todo lo que puede, y cuando necesita tomar algo tiene que pagar 30 pesos la botellita de agua, y no se puede sentar en ningún lado. En los pitucos puestos de comida gourmet no hay ni mesas ni sillas. Y en el pasto, hay agua. Claro que, esto último es producto del factor climático que afectó a bsas los últimos días. Entonces la propuesta va por un lado, y lo que hay está en otro. O sea, crees que vas a estar cómodo, que vas a entrar a un parque de diversiones con shows, que te comes un sushi tranquilo mientras esperas a Trent Reznor…o alimentas tu creatividad con actividades alternativas a la música…y no, eso no está. El lookete sí, a full –de ahí lo poco relacionado con el estereotipo rocker-. Pero el entorno, en lugar de Palermo chic!, parece Cosquín Rock. Y técnicamente, lo mismo de todos los festivales. De vez en cuando se cortan las pantallas, se mezclan los audios de un escenario al otro –una lástima lo de New Order y Nine Inch Nails, tocaban a la misma hora y en determinados sectores, era imposible escuchar a los primeros, arroyados por la fiereza del sonido de los segundos- y cuando hay viento, se vuelan los paños hermosos que decoran los escenarios. Y ni hablar si queres tomarte una cerveza. Esto es sólo privilegio del Vip o sector de prensa. De allí salen con bebidas alcohólicas hacia el sector donde no se vende, por lo tanto, no queda claro el porqué de la no venta en el campo. Los shows: Por cuestiones de tiempo, no vi las primeras presentaciones, y si bien no me gusta utilizar potenciales, confío en mis amigos periodistas que me dijeron que Jake Bugg la rompió. Por lo tanto, “dicen que Jake Bugg dio un gran show y sorprendió a la audiencia de Lollapalooza que ingresó temprano al predio” Julian Casablancas no se entiende. En todo sentido. No se entiende el porqué de su estética de volumen altísimo –el rock no es rock por tocar a volumen brutal- voz rota, y una banda prolija. No se entiende, porque, efectivamente desde el público no se entiende nada. Lo que canta, lo que tocan. Todo es una bola de sonido, con algunas melodías lindas y conocidas de fondo, que permiten tararear lo temas que conocemos todos. Imagine Dragons es la banda ideal para musicalizar publicidades que venden vida feliz. Supongamos, alguna tarjeta de crédito que permita tener una TV grandísima para ver el mundial, o jabón para lavar la ropa. Lorde, una buena voz, buena presencia en el escenario, algo monótono su show. Pero deja entrever que habrá una buena carrera. Tal vez lo más interesante pasaba por el escenario del mentor de esta marca, Perry Farrel, con algunos dj’s tempraneros o rappers más entrada la noche –atención con Kid Cudi-, hasta Phoenix. Los franceses dieron un show tremendo. Hermosas canciones, muy buen audio, y una manera de disfrutar el show impactante. Luego, New Order por un lado, Nine Inch Nails por el otro. Estos potenciaron un show chocante desde lo sonoro y visual. Impecable en ese sentido, abrumador también. Por momentos, necesitaba que algo suene mal. O algún acople. New Order nunca lograré saber si estuvo buenísimo, porque en algunas partes se mezclaba con el abusivo volumen de NIN, y había que moverse hacia la izquierda del escenario, y bastante adelante, para disfrutar del show. Lo que pude escuchar bien, fue bueno. Y lo mejor de todo el día, lo que pagó la entrada, lo que justificó la fecha, fue The Arcade Fire. Si existiera una licuadora virtual gigante, y meterían los discos de Talking Heads, algunos de Bowie y Rei Momo de David Byrne, saldría esta banda Canadiense. Comenzaron con un chiste que causó buen efecto: salieron a escena luego de ser presentados por “un robot” estampillado con espejitos como si fuera una bola de boliche andante, y los músicos entraron al escenario con cabezas gigantes, y resultó ser Julian Casablancas el que estaba debajo de la cabeza principal. Puros, virtuosos, divertidos. Marido y mujer al frente de una animación sostenida con buenísimas canciones, puesta en escena sobria y efectiva, y una banda que la rompe. Al final, fuegos artificiales detrás del escenario, y un desagote del predio rápido y cómodo. Hoy otra vez.

martes, 28 de enero de 2014

“Ayer soñé que estábamos en el aire y queríamos volar”

Siempre pensé que no se podía hacer una reseña de un tema, pero cuando algo te sorprende, la reacción es inmediata e indomable. Y más aún, cuando algo te sorprende para bien. La frase del título pertenece al tema adelanto de la banda rosarina Septiembre, llamado “Rayo”. No que bien que querrá decir para ellos, pero para mí, fue muy significativa. Septiembre es una banda que conocí hace muchísimo tiempo, creo que más de 10 años, cuando era cronista de rosariorock.com, y nos acercaron a la redacción un Ep. La formación era un trío, y estaban virados hacia el hardrock, incluso, su fuerte eran los covers de Divididos. Pero se les notaba que estaban convencidos de que se iban a dedicar a la música. Tenían algo que otros no tenían. Hambre, buen gusto, convicción, tocaban bien y no eran groupies de los bares del momento. Después de algunos años sumaron un integrante, escucharon otra música, y cambiaron. Sacaron un buen primer disco, aunque ya desde el nombre –“Ahora o nunca”-, cargado de ansias juveniles. Cuando pasa esto, hay dos opciones: o caes en los lugares comunes más aberrantes de la música trasformándote en los Danger Four del sonido de época –algo parecido a los oportunistas del conurbano de los que habla Capusotto-, o creces. Y a juzgar por “Rayo”, Septiembre creció. Creció porque su primer disco es bueno porque tiene canciones hermosas, pero también es cierto que carece de una personalidad marcada. Hoy me llegó, como nos llega todo hoy, a través de las redes sociales, el tema adelanto del próximo disco. Tal vez el concepto general de lo que está por venir no me guste. Pero me importa muy poco. Destaco de esta canción, porque además de linda, tiene la personalidad que Septiembre necesitaba para ser buenísimo. ¿No remite a nada? Ni me interesa porque suena a Septiembre. Es distinto a lo anterior y son ellos. Cada vez más ellos. Y es una buena noticia arrancar el 2014 con una banda que se hizo grande –sin remitir al frío de lo cuantitativo- porque creció.

martes, 19 de noviembre de 2013

EL DÍA DESPUÉS

Juntamos dos mesas y pedimos dos café en jarrita, un cortado chiquito, un sándwich de miga triple de jamón y queso, una lata de coca, y Pablo luego se paró varias veces. Primero a buscar algo dulce, y después para buscar algo salado, y así sucesivamente. Creo que había fumado. Cuando llegó el Polaco se sentó y no dijo nada por unos minutos. Nosotros seguimos hablando sobre alguna de las cosas que íbamos a realizar de las que quería el Rengo. Y al fin soltó: “yo lo de la muerte todavía no lo puedo resolver”. –“Ahhh, ¿no?, que vivo que sos”. Más allá del juego de palabras, lo que le quiso decir no se quién fue al Polaco, es que nadie puede resolver eso, y todos a menudo pensamos como sobrellevar semejante cosa inconclusa, inexplicable –salvo fisiológicamente- y un montón de calificativos más con los que perderíamos el tiempo leyendo y escribiendo. Y ahí comenzaron las posturas de cada uno. Merengue, por ejemplo, no se fue por las ramas…no recuerdo bien que dijo. Pablo tampoco. Rubén tampoco. Leo tampoco dijo nada. Yo dije algo de mis abuelas, cortito, sólo que a partir de la muerte de ellas había comenzado a tratar de tomarlo con más naturalidad, como algo que pasa si o sí, y que bueno, había preferido no ir a sus velorios, que a la última la habían enterrado a las 4 hs de muerta, y que esa noche no pensaba entrar a mirar el cajón ni nada por el estilo. Y que estaba ahí sólo porque sabía que nos íbamos a juntar y a tratar de no pasarla como el orto, solos, en nuestras casas, taladrándonos la cabeza con pensamientos que no nos iban a devolver nada de lo que ya no estaba. Todo eso lo dije en, pongamos, dos minutos. O sea, el único que habló, en definitiva, fue el Polaco. Y dijo un montonazo de cosas, siempre interesantes, con mucha razón, pero inexplicables y sin un resultado concreto, que nos de una pauta, o al menos una esperanza de que si seguíamos hablando sobre eso íbamos a lograr alguna conclusión. Entonces el tema se diluyó. Y pasamos a charlar sobre canciones, y cuando me puse a tararear Merengue me pidió por favor que no lo haga, porque lo hacía muy mal y nunca se podía dilucidar cuál era la canción en cuestión. Todo, porque una vez lo llamé por teléfono para que me sacara de la duda sobre que canción era una que cantaba la hinchada de NOB, que yo estaba seguro que era una de los ’80. Cuando la descubrí, a través de una persona muy joven que me dijo que no era de los ’80, sino de una banda de cumbia, supimos que, esa banda en cuestión había hecho una versión de una canción bien ochentosa que cantaba una banda española llamada Hombres G. La canción, horrible pero pegadiza, es “Devuélveme a mi chica”. Más conocida por los más jovatos, como la canción que habla del polvo ‘pica pica’. En la mesa nadie recordaba esa canción. Sólo Ricardo que estaba en otra mesa, y que creo es el más grande de todos los presentes, recordaba el tema en cuestión. Yo me fui a mi casa pensando lo que pienso siempre. Que todos, absolutamente todos lo momentos de la vida están atravesados por una canción. Tal vez no recordamos esa canción, lo cuál no le quita credibilidad a la teoría. O sea, si un árbol cae en la nada, hace ruido. No seamos tan ingenuos y egoístas de pensar que no hace ruido sólo porque no lo escuchamos. Hace ruido. Así que si no te acordás cada momento de tu vida y su canción respectiva, no quiere decir que no hayas vivido y ese momento de la vida no haya tenido su canción. En ese sentido, conté, que esta canción igual de pegadiza y horrible, la tenía en mis recuerdos infantiles en la pileta del club Newbery de Junín, cuando los sábados por la tarde probaban el sonido de Long Time, el boliche que estaba justo debajo de la pileta. Raro, pero así era. Es más, la parte de los reservados del boliche y el gimnasio de la pileta estaban divididos por una persiana de chapa. Y muchas más canciones atravesaron esos días mientras nadábamos, nos tirábamos del trampolín o jugábamos en el gimnasio. Una que si tengo en la memoria es “Mi novia se cayó en un poso ciego” y “Conversación nocturna” de los Cadillacs, “Halei Selassi” de los Pericos, y esta española que les contaba antes. Acá se da que confluyen etapas de la vida que coinciden con las canciones que sonaban en el momento, pero no es determinante con mi teoría que esto sea así. Puede que se recuerde una etapa de la vida con una canción que funcionó de soundtrack en ese momento, y no fuera una canción de moda o algo por el estilo. Por ejemplo, cuando mi abuelo estaba en las últimas, recuerdo a “La ruta del tentempié” de Charly García. Fui a un show de la banda rosarina Degradé donde la tocaron y no me salió más de la cabeza. Me levanté resacoso al otro día, busqué el disco Parte de la religión, no lo encontré y ahí nomás me fui para Utopía y me lo compré otra vez. Ahora tengo dos. También cuando nació mi primer hijo escuché mucho “Lucy in the Sky with Diamonds” de los Beatles, “Oh la la” de los Faces y “Money” de los Shocklenders. La cuestión es que al otro día de este encuentro, volviendo sobre mis abuelas (que al final no sobrellevé ni resolví un carajo) le pregunté al polaco por su familia y redescubrí que su padre había muerto. Lo recordé cuando me lo volvió a contar. A la noche repasé parte de la discografía de El regreso del Coelacanto y entendí de lo que habla “Otro gordo se fue” y “Todo salió mal”. Y esas dos canciones van a estar adjuntas con el recuerdo de estos días en que estoy escribiendo esto, para siempre.

lunes, 28 de octubre de 2013

Solo una parte del encanto

Como todo egoísta, odié a los artistas que me hicieron sentir que yo no podía hacer eso que ellos hacían. No me importaba eso que hacían, si no, lo que yo no lograba alcanzar. Y lo otro, lo de los Ramones, siempre pensé que podía. Obvio que nunca lo hice, y también las veces que lo intenté, me salió muy mal. Pero todavía me gusta escucharlos y pensar… “Yo puedo”. Creo que parte del encanto esta ahí. Lo mismo con Lou Reed. No entendía un carajo lo que decía, pero lo cantaba. Y lo que tocaba, yo pensaba que lo podía hacer. Aunque no podía. Aunque nadie pudo. Aunque fuera más imposible que "While My Guitar Gently Weeps", yo entendía que algún día podía fabricar una canción como Lou Reed. Y después, cuando descubrí lo que decía, me identifiqué. Pensé que yo era el protagonista de todas sus letras. Pensé que me conocía, o que si nos cruzábamos por alguna calle de NY me iba a saludar, porque sabía que yo lo escuchaba, que lo traducía, lo entendía, y era como él. Siempre, claro, pensando en mí. Y Lou no pensaba en mí. Pero sólo me di cuenta de eso el día que murió. También debo contar que nunca fui a NY. Y no se si alguna vez iré. No me interesa. De todos modos, pensé siempre que Lou era una de esas personas que capaz elegían partes del mundo donde viajar que no están en ningún folleto, y que tal vez, alguna vez caía por Rosario o Junín, y que mientras yo salía del Cine Monumental de la mano de Luca (mi hijo) después de ver Madagascar 2, nos íbamos a cruzar con Lou y el me iba a decir “Hola” y yo le iba a levantar la mano en el mismo momento que le decía “Como va”. Y después Luca me iba a preguntar ¿Quién es, papi?” y Yo: “Lou Reed hijo; un músico muy importante, un tipo que después de que sacó el disco ese de la banana que te gusta a vos mirar, los que vinieron después le deben todo”. “¿Y te conoce papi?” “Y capaz que no, pero entre nosotros nos conocemos” “¿Quienes son nosotros?, ¿Me conoce a mi?” “Todavía no sé hijo, pero no tiene mucha importancia ahora” Miles de veces pensé eso. Miles, millones. Cambió la película, las calles, pero no el encuentro ni el diálogo. Miles. Pero miles de verdad. Y ahora, sigo pensando en boludeces. Sigo pensando que no se murió. Y que vive en alguna parte del mundo retirado, o cantando con pelucas. Como esas historias mediocres que se cuentan de Elvis o Morrison, unos medio pelo al lado del viejo Lou. Entonces, como esos son medio pelo, capaz que el viejo se les caga de risa en la cara y la hace bien en serio. Y esta viviendo en Paris, o en el sur de Argentina, o en Somalía o en Honolulu o en Rosario. Capaz que me lo encuentro cruzando la calle un sábado a la mañana mientras sale de la esquina de la Oportunidad…yo vengo caminando por San Luis con Luca de la mano. Me paro a comprar un pancho antes de llegar a Corrientes y me choco con un tipo con cara conocida, y me saluda. Yo también lo saludo. Le pregunto como anda, y me contesta que bien. El resto de la historia, ya la saben.

domingo, 13 de octubre de 2013

FAROLITOS EN SPORTIVO AMERICA PRESENTANDO "NUESTRA AMERICA" (sabado 12 Octubre 2013)

Fui al espectáculo de Farolitos (OFICIAL). Realmente emociona ver como trabajan ellos. No sólo los músicos, si no toda la gente que los rodea. Sabido es que la plata que recaudan se reinvierte en obras, trabajos sociales de su barrio, y estructura de la banda, y la verdad que lo celebro. No porque sea la función excluyente del arte, pero si porque es una buena acción, lo intentaron y les sale muy bien. La buena vibra y autenticidad que hay entre el público hace larguísimo rato que no lo veo en un evento de estas características (porque no sólo es un recital; desde lo audiovisual y todo lo que pasa antes del show sobre el escenario, se funden muchas ramas del arte), si es que alguna vez lo ví o sentí. La banda funciona como núcleo de un fin que no termina sólo en un puñado de canciones que rescatan a 2.000 almas juveniles deseosas de escapar de la realidad por unas horas, y es por eso que, más allá de parecer un recital futbolizado de los ’90, el protagonismo está clarísimo que no es de la gente. Tampoco de la banda. El protagonismo es del fin social por el que se está llevando a cabo el evento. Y esta vez es en serio. Los hechos concretos en lugares como los clubes El Luchador y El Federal dan la certeza de que sus objetivos funcionan, que son gente honesta, que aman lo que hacen y trabajan, de otro lado un poco menos convencional, con la solidaridad, sin adjudicarse ningún rótulo de artista con temáticas sociales, ni cosas por el estilo. Desde mi pequeño lugar, felicito a todos los involucrados, y celebro que se siga haciendo. Y festejo que sea una fiesta.

miércoles, 17 de julio de 2013

LOS CODOS - HUMEDAL

El disco de Los Codos te encarcela. Te atrapa y no te deja ir. Si das play desde el comienzo y vas pasando los temas antes de que terminen, es que no funcionó. No le des otra oportunidad, porque HUMEDAL funciona así: te invade en el arranque, te volves adicto y hasta que no termina no lo dejas. Y si no te pasa eso, es que no te gustó. Así de terminante es la música de Los Codos en esta nueva producción, que navega mundos a priori distantes de esta nebulosa imaginativa y visual que se desprende de Los Codos. Raíces folclóricas, tal vez fruto de la comunión litoraleña presente en la provincia de Santa Fe, porque se nota que no es algo buscado, sino, innato. Al menos es lo que permite escuchar la canción que abre y le da nombre al disco. Con “Nosotros acá” si bien la estructura de la canción remite directamente a los comienzos del rock argentino (recordé alguna canción de Almendra y hasta el sonido de Ciro Fogliatta) la letra dice algo así: ‘La ciudad silenciosa/ La luna hermana del río/Solitario mapa en el cielo’ e indefectiblemente sigue el camino lírico de raíces folclóricas. No desconciertan las canciones siguientes, más bien van formando una masa uniforme aún cuando sacan a relucir la faceta de Los Codos anclada en la psicodelia de los ’70, fundamentalmente en “Epilepsis”. “La batalla de la mente” funciona dentro de un formato más convencional de la canción, y es el fragmento perfecto para respirar después de estar atravesando mares de gelatinosos, texturas de folclore para drogadictos, música que, más allá de disfrutar, no te deja en paz. Digamos que esta canción funciona como un centro de rehabilitación. Y después el disco y los vicios siguen. Todos tenemos y nos permitimos una recaída. Tal vez esa sea “La batalla de la mente”. En este sentido, “Tropical mecánico” retoma esta frecuencia musical psico-litoraleña, la resalta y la refuerza con elementos (ya no tan) propios de la cumbia. Y lo que se inicia con la primera canción, “Humedal” se concreta con el tema que cierra el disco llamado “Huellas”. Así como –si te gustó- es imposible separar el primer tema del último, resulta difícil disociar el nombre de esta canción con lo arraigado a tradiciones musicales argentinas. Y lo mejor del disco es que tiene la personalidad suficiente para que todo esto sea novedoso, original y de buen gusto. Aquí se puede escuchar http://polvobureau.bandcamp.com/album/humedal

martes, 28 de mayo de 2013

MAYO, 2013: ANDRÉS CALAMARO EN ROSARIO

Para comenzar creo preciso decir que esta banda de Calamaro es fantástica. El primer mérito de Andrés para esta gira, es la elección de los músicos. A decir: Kanevsky y Comotto en guitarras, Wiedemer en teclados, y una base Kuryaki: Verdinelli en batería y Mariano Domínguez con el bajo. Andrés en los teclados, y accesorios. Y un aparte para Verdinelli, porque Verdinelli enamora. Es así de cierto. Por momentos creí estar enamorado de Sergio Verdinelli, así como de esa chica que conocí en Miramar, durante los tres días que pasé en el verano del 94’. Así seduce el baterista de esta banda de Calamaro. Así te deja perplejo. No terminás de conocerlo, y ya te pasó por encima, te conquistó, y te dejó. Como los mejores amores de verano. Luego, el segundo acierto de Andrés, es el repertorio elegido para que toquen estos músicos. Sólo un alma desdichada e insensible puede no soportar un comienzo de show con estas canciones: “Me Arde”; “Crimenes Perfectos”; “A los ojos”; “El Salmón” y “Mi enfermedad”. Y hubo más. Hubo de todo, para todos los gustos. Más Rodriguez con “Me estás atrapando otra vez”, “Canal 69” o “Sin Documentos”. También de las últimas excelencias, con “Gin Tonic” y “Carnaval de Brasil”. De las indestructibles, “Estadio Azteca” con Cuino Scornik de invitado. Y más también. Por ejemplo, “Quién asó la manteca” esa pieza musical suprema incluida en “Alta Suciedad”, con pretensiones culinarias tan surrealistas como una pizza al spiedo. O del mismo disco, “Loco” esa canción a priori pasatista, del pasaje “todo me chupa un huevo” o para lectura de menores “no me importa nada” y sin embargo, dice todo lo contrario. El protagonista de “Loco” es un comprometido. El quía se fuma el porro de resignado. No la está pasando bien, no va la plaza a mirar el mundo al costado del camino, mientras todo pasa. No. Lejos de eso, está reprimiendo su instinto asesino. Esta tratando de no cagar a trompadas al payaso del jefe. Es una víctima. Y esta harto. Y está Down. Y está radical. Y corre el riesgo de pasarse al otro lado, y pensar que a lo mejor resulta mejor así. A lo mejor resulta que todo le chupa un huevo. Pero no. Creo que Andrés podría figurarse como el protagonista de “Loco”. Tal vez, esta canción sea la más autobiográfica de Calamaro Andrés. Por momentos en el show, así como en su obra, parece que no le importa nada. Pero eso es una gran mentira. Lo que pasa en este show y en sus discos, es que Andrés esta comprometido con sus canciones, y se relaja, las disfruta, y deja disfrutarlas. En este contexto esta bien que algunas canciones las canten más sus músicos que él mismo. Incluso hasta esta bien que las cante más la gente que él mismo. Andrés, en esos momentos esta navegando en las canciones. Las está transitando. Esta sumergido en un mar vertiginoso de estrofas y versos, donde no es prioridad que sean cantados. Por eso me gustó el show de Calamaro. Porque ví a un artista comprometido con su arte. Y sin la solemnidad que requiere el diccionario postmoderno del roquero pacato y obsoleto. No, nada de eso. El compromiso en este caso pasó por la soberbia musical de esta gran banda que armó para que toquen sus canciones. Y por el disfrute musical de un músico único en su especie. Tan responsable con su obra, que hasta se anima a pasarla bien sobre un escenario. Algo tan fuera de moda, como hacer canciones totalmente lindas.